Llevamos años maltratando el planeta, utilizando de manera desaforada los recursos, destruyendo el habitad de muchos animales con la tala de bosques, siendo indolentes ante el exterminio de focas, delfines y otras especies para el uso de sus pieles, colmillos, etc.
Ahora la Madre Natura se revela, se niega a dejarse usar por mezquindades y egoísmos humanos, se manifiesta con potencia y furia para demostrarnos que su Creador esta de su lado. Sin embargo, nos ponemos las manos en la cabeza, elevamos la vista al cielo y reclamamos:
Dios, porque nos pasa esto! Misericordia señor!
Imagino la cara de nuestro padre, preguntándose también como podemos estar hechos a su imagen y semejanza, siendo tan destructores, prepotentes, arrogantes y tan ambiciosos.
Se impone que hagamos algo y pronto, si queremos que las futuras generaciones tengan un planeta donde vivir.
Es preciso que escuchemos, que seamos más receptivos, más humildes, más sensibles y menos egoístas.
Hace mucho que dejamos de ser seres humanos, nos hemos convertido en seres mercantilistas, depredadores, irracionales, somos monstruos de la destrucción planetaria, y no podemos pedir clemencia cuando no hemos sido capaces de darla.
El planeta agoniza lentamente, la tierra grita, el clima es cada vez más inestable, y en medio de esa realidad, nosotros simplemente nos preocupamos por cómo fastidiar al otro, ganar mas dinero, tener mas lujos, competir con el vecino, demostrar autoridad y poder.
De que nos servirán todas esas cosas si el planeta sucumbe?.
Quien nos ayudara a protegernos de la catástrofe que nosotros mismos estamos creando?
Dios no reconoce a sus hijos indomables, que solo piensan en si mismos y en el, cuando no tienen salida.
La naturaleza se cansa, Dios se cansa y nos vamos quedando solos en medio del desastre.
Ahora nos queda una última opción, demostrar un poco de humildad, tomar conciencia y trabajar juntos, tomados de la mano, como hermanos para salvar la casa de la humanidad.
Ahora, nos hace falta fuerza moral y valentía para pedir perdón por los daños causados al ecosistema y redimirnos en la aplicación de medidas para rescatar el planeta y a nosotros mismos, acercándonos nuevamente al creador, en la esperanza de que volvamos a tener su confianza como los seres que alguna vez, fuimos hechos a su imagen y semejanza.
La fe, la conciencia y el milagro del amor, son las mejores armas que podemos empuñar para bien de todos.

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