Soy una mujer rara para los olores fuertes; durante años padecí de asma y las fragancias muy potentes me producen alergia o dolor de cabeza, por eso mi closet ha estado lleno de perfumes caros, regalos que en algunos casos ni siquiera he abierto estableciendo una especie de santuario para algo que definitivamente me gustaba ver, pero no usar.

La convivencia es, sin dudas, una de las peores y mejores cosas que existen. Convivir es armonizar, compartir, acompañar, tolerar y respetar el espacio de la otra persona, pero cuando no se establecen reglas puede transformarse en un arma de constante agresión, malestar, dificultad. Muchas veces nos hemos preguntado, como al convivir con alguien las cosas se ponen difíciles y de momento no hablan como antes, no comen juntos, no ven la televisión, se esquivan, entran y salen como sombras, intercambian saludos entre dientes etc. Sin embargo la respuesta es simple, uno de los dos invadió, uso, modifico, se atrevió. Uno de los dos, trasgredió.

Tengo una amiga que cuando me visita se embadurna a cualquier hora de “mis perfumes”, esos que llevan allí tanto tiempo y la verdad me satisface que los use, pero me molesta su falta de precisión para escoger el aroma de cada ocasión.

Desconozco si la cosmetología ha establecido reglas para fragancias a determinadas horas, pero presumo que si, hay olores que a las 7 de la mañana son una agresión desmedida al olfato y matan a los que como yo, los rechazan.

Compadezco entonces a los que viajan junto a ella en un carro público respirando ese aroma sin haber desayunado, a los que se pasan 8 horas en el espacio cerrado de una oficina y pienso que es lamentable que alguien se perfumen sin tener en cuenta a los demás, sin percatarse que las mañanas se sienten mejor con un agua de colonia, no con un espanta muerto que te bloquea la respiración.

Es bueno oler bien, acercarse a una persona que despide un aroma suave es estimulante, pero nuestro clima es muy caliente, las temperaturas son a veces insoportables en verano y las fragancias fuertes, cuando se unen con el sudor de un medio día en agosto, se convierten en una mezcla bomba.


Si vamos a una discoteca podemos usar medio litro del perfume que nos gusta para impresionar, será una buena barrera de contención contra el olor a cigarrillos y bebidas, pero si es al trabajo, tengamos cuidado y consideración; perfume caro o de marca no significa que se lleve a cualquier hora, ni que guste obligatoriamente a todos, hay quienes preferimos las colonias y en ese caso, sentimos un rechazo garrafal por fuertes olores a destiempo.

Perfumarse tiene reglas, una de ellas es dar pequeños toques en aquellos puntos donde se sabe que la fragancia permanece mas tiempo, pero los exagerados de los olores no toman en cuenta tal cosa…ahhh no!! para que toquecitos de perfume cuando pueden meterse dentro del frasco y salir despidiendo un aroma que se huela a tres kilómetros.

Una fragancia puede ser un sello de identidad, pero no moleste, no agreda, no obligue a otros a que huelan lo que a usted le gusta.

Que haría si lo obligaran a escuchar una música que le desagrada?

A vivir con alguien que detesta?

A comerse una comida que le produce asco?

No verdad?!...pues tómelo como referencia. Respetar a los demás es la mejor carta para esperar respeto.

No vivimos aisladamente, somos parte de un todo, así que intentemos al menos que ese TODO se sienta en armonía con la parte que somos, de ese modo seremos felices y consecuentes con los demás.

La Madre Teresa de Calcuta expreso: “Solo pasare una vez por la vida, así que intento hacerlo de manera que todos me recuerden con Amor”.

Intentemos hacer lo mismo.

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